María, tejedora en telar (Otavalo-Ecuador)

María Juana Cachimuel es artesana, nació en Otavalo y toda su vida la ha dedicado a tejer con telares a mano. La conocí en el Mercado de Ponchos, tiene 47 años y un hijo llamado Mateo de nueve años. A diferencia de la mayoría de mujeres de la etnia indígena kichwa que desde muy jovencitas comienzan a tener hijos, María sólo tuvo a Mateo. Me dice que las mujeres de su comunidad tienen entre 8 y 10 hijos pero que en su caso sólo decidió tener uno porque la situación laboral, social y económica de su comunidad no es la mejor y que prefirió tener uno solo al que pudiera mantener y educar de la mejor manera. Le pregunto si Mateo está siguiendo sus tradiciones o aprendiendo a tejer y sin pensarlo un segundo me dice que ella no quiere ese tipo de vida para su hijo, que quiere que estudie y que vaya a la escuela. La vida en el mercado es difícil, es un trabajo pesado y fuerte. A simple vista y como turista, el Mercado se puede ver colorido y alegre pero detrás hay muchas horas dedicadas al trabajo, hombres y mujeres indígenas que cargan bultos pesados atados a sus cabezas porque todos los días montan y desmontan. El puesto en el que trabaja María no es suyo, es de un familiar, tener un lugar para trabajar allí puede costar alrededor de US$18.000.

A pesar de las batallas que tiene que pasar a diario, María es una mujer alegre y cordial, me dice que la tengo que sacar muy guapa en la foto porque tiene un novio y siempre debe que verla hermosa, mientras me lo dice suelta una carcajada.

La historia de esta mujer es casi anecdótica frente a todo lo que se ve en el mercado. Por la noche regresé y ya estaban desmontando, no vi a María pero conocí a una mujer de unos 80 años de edad de no más de 1.30m de altura y que llevaba a su espalda tablas y bultos. Vi, todo el esfuerzo y trabajo que hacen hombres, mujeres y niños por conservar y mantener este tradicional mercado. Estuve durante un rato ayudando a la mujer mayor (que no hablaba castellano) a llevar sus maderas hasta la bodega para guardarlas, entendí que hay historias como esta que no necesitan foto para contarlas, sólo vivirlas. El Sur es El Norte-América del Sur

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En Otavalo (Ecuador)

Otavalo está ubicada en la zona norte de Ecuador, en la provincia de Imbabura. Es conocida por sus pintorescos mercados. Ayer recorrí tres de ellos, el de frutas, verduras y el de artesanías llamado Plaza de los Ponchos. La población otavaleña está compuesta en su mayoría por indígenas procedentes de etnia kichwa de los Otavalos dedicados a la confección textil de ponchos, tapices de lana y trajes tradicionales. El Sur es El Norte-América del Sur

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Pasando frontera entre Colombia y Ecuador

Tenía muchas preguntas sobre cómo pasar frontera entre Colombia y Ecuador. Había escuchado historias y cada una diferente. Tomé un colectivo que me llevó desde la terminal de autobuses de Ipiales hasta el Puente Internacional de Rumichaca, allí se encuentran a lado y lado las oficinas de migración de cada país. Muchas veces escuché que era complicado este paso fronterizo, que pedían muchos y diferentes tipos de documentos, que tuviera cuidado porque había gente que estaba a la espera de poder timar etc etc. No sé si fue suerte, fortuna o simplemente que las cosas han cambiado para mejorar, así que nada de líos me encontré. Tan sencillo como pasar el pasaporte en cada una de las oficinas, que lo sellaran y listo! Una vez dentro de Ecuador tomé un colectivo que me llevó a la terminal de Tulcán por $0.75. Mi primer destino sería Otavalo, tomé un autobús que en 3h 30min me dejó sobre la panamericana en medio de un torrencial aguacero. Así que ahora ando inspeccionando la ciudad en busca de historias…El Sur es El Norte-América del Sur

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Con la comunidad Misak (Colombia)

Haciendo desvío de ruta desde Popayán y antes de irme hacia Ipiales, me acerqué hasta Silvia, municipio del occidente colombiano, allí se encuentran seis cabildos indígenas. Fui hasta la emisora de la comunidad Misak o guambiana Namui wam (que significa «nuestra palabra» en lengua wam ), tuve la fortuna de escuchar en directo sus transmisiones y también de hablar con uno de sus líderes. Yasken («autoridad» en wam) me contó que la base de su economía es la agricultura con cultivos de maíz y papa. Que intentan mantener sus tradiciones ancestrales tanto en costumbres culturales y orales pero que cada vez es más complicado debido a la globalización e influencias externas. A pesar de eso, hasta el momento conservan sus rituales. Uno de ellos es su traje tradicional, para los hombres como para las mujeres lo habitual es llevar una falda de color azul al igual que un sombrero del tipo bombín, ruanas y bufandas de colores.
El Sur es El Norte – América del Sur en Silvia, un lugar fantástico para recorrer. El color verde intenso de sus montañas atrapó mi retina.

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Leonardo Díaz (Escultor en Popayán Colombia)

Leonardo Díaz es escultor por pasión y convicción. Nació en San Juan de Pasto (Colombia), tiene 44 años y 22 de ellos dedicados a su oficio, esculpe y talla figuras en madera. Lo conocí mientras caminaba por el Puente del Humilladero en Popayán. A lo largo del puente se pueden ver los trabajos de diferentes artesanos aunque el de Leonardo me llamó poderosamente la atención. Una talla fina, delicada, como cuando las manos trabajadoras tienen alma. Sus primeros aprendizajes vinieron de maestros ecuatorianos quienes utilizaban técnicas para tallar en pino y urapán. Con el paso del tiempo se especializó en esculpir rostros, quijotes, sanchos y viejitos.
Quiso aprender técnicas de grandes maestros escultores ofreciéndose como asistente y trabajador en talleres pero no tuvo la suerte de encontrar quien le ayudara a perfeccionar su técnica. Durante un año se fue a Ibarra (Ecuador) donde se matriculó en una escuela de artes. De allí regresó a Pasto donde lleva viviendo los últimos años, tiene un pequeño taller para trabajar y enseñar a quienes quieran aprender y continuar con este arte.

Leonardo está casado con Rubiela quien trabaja mano a mano con él, mientras él talla y da forma a la madera, ella pule y da detalles a las figuras y esculturas. Tienen cinco hijos y el que tiene 9 años es quien ha sacado todo su arte y talento. Leonardo es un soñador innato, dice que nunca es tarde para emprender una meta, una de ellas es estudiar artes plásticas y adquirir todos los conocimientos para aplicarlos a su trabajo, el otro es abrir una escuela donde niños, jóvenes o adultos aprendan de su arte. Lleva un mes en Popayán y dice que ponerse en la calle es la manera directa para que la gente vea su trabajo, es una forma de darse a conocer y que puedan adquirir su obra como artista.

Mientras charlamos va esculpiendo, tiene un poder inmenso para crear sin que la conversación lo desvíe. Con calma me va contando todo el proceso para obtener una figura perfecta. Me dice por ejemplo que para tallar un Cristo de 1.20m utiliza un tronco de naranjo de 1.50m de alto, que debe descascarar la madera y ponerla a secar a la intemperie durante quince días. Una vez seca, comienza el proceso de devastado utilizando una maceta y gubias planas a manera de cinceles con filo. Por sus manos pasan gubias planas y cóncavas, formones, sesgos, buriles y lijas. Después de forjar la imagen se pulen con diferentes tipos de lija, se ponen las lacas y el sellador.

Mientras hablamos, la gente se detiene para mirar y preguntar por su trabajo, él con una leve sonrisa les cuenta en qué consiste, les ofrece diferentes tipos de figuras (ahora principalmente religiosas), aunque dice que quiere comenzar a hacer su propia obra de autor.
Nos despedimos con un abrazo de esos como de viejos conocidos. Una bonita historia de vida con la que me despido de esta ciudad. El Sur es El Norte-América del Sur

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Hablar de Cali es hablar de ritmo y sabor

Hablar de Cali es hablar de ritmo y sabor, es pronunciar en mayúsculas la palabra COLOR. La última vez que la visité fue hace 8 años. A mi regreso ahora, me encuentro con una ciudad cambiada, organizada, una ciudad que incita a seguirla a través del arte, la cultura y el movimiento urbano.

Lo primero que hice al llegar fue contactar con un par de personas que me guiaran entorno al tema de las escuelas de salsa y cómo de manera tan fuerte se toman la ciudad. Hablar de salsa en Cali es hablar de historia, es devolverse a los años 60 y 70 donde el género cubano y antillano entró con fuerza y se tomó la capital del Valle. Artistas y agrupaciones locales, coleccionistas de música que recibían LPs que entraban por el puerto de Buenaventura. Aunque los ritmos y sones eran de origen cubano, fue tal la acogida y la fuerza que tomaron que se denominaron como propios.

Tuve la suerte de conocer a Fabián Sepúlveda, bailarín por convicción y quien me dice “llevo la salsa en cada parte de mi cuerpo”. Nos pusimos cita en la estación Chiminangos del MIO y de allí fuimos caminando hasta el barrio Metropolitano en donde se encuentra la Escuela de salsa Colombia Show Dance COLSDAN.
Un grupo de cerca de 30 chicos y chicas se dan cita para su rutina de entrenamiento. La pasión, el compromiso, dedicación y disciplina son sus pilares. Es tal su desenfreno por bailar que dedican horas y horas al trabajo físico. Hablé con Jenny Córdoba (Directora de la Escuela), me contó que todo había surgido como un proyecto personal, sus dos hijos Juan Manuel (7 años) y Michael (11 años) ahora también hacen parte de la Compañía con la que recorren Colombia y otros países latinoamericanos.
Poco a poco el proyecto pasó a convertirse en el lugar para integrar a los jóvenes del barrio y hacer de la salsa su estilo de vida.
Robinson Restrepo (Coreógrafo) lleva 18 años bailando, ahora prepara a estos chicos para competencias y presentaciones. Me dice que el trabajo de entrenamiento no sólo es físico, es un trabajo de acompañamiento y educación a través de la música, un trabajo que hacen de la mano de la Fundación Artística de Baile Deportivo The Colombian Show Dance.

Fue un placer conocerlos, compartir una noche de preparación y baile, compartir sus historias de vida, su entorno, sus alegrías y pasiones. Me iré de Cali con un sabor salsero en la boca, un sabor que me contagia de la alegría de su gente. Eso de que Cali es la capital mundial de la salsa no tiene discusión, se ganaron el título a pulso y con mucho trabajo tras bambalinas. El Sur es El Norte-América del Sur

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El General Aníbal Muñoz

El General Aníbal Muñoz no es General. Es Aníbal Muñoz, tiene 87 años y los últimos 27 ha vivido en Bogotá.

Nació en Caldas pero la mayor parte de su vida vivió en Medellín. Tiene 3 hijos y dice que nietos y bisnietos pero no sabe cuántos. Perdió contacto con su familia al venir a Bogotá. Trabajó como camarero en restaurantes y también como vigilante de seguridad.

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Andrea Camacho 2014. Todos los derechos reservados

De su último trabajo cuidando edificios en el norte de la ciudad lo despidieron dice él que por viejo. Cobra un subsidio mensual de El Estado de 120mil pesos (45Euros) con los que paga una «piecita» de 90mil pesos en el barrio Las Cruces. No se complica para comer, dice que por lo viejo ya no le da hambre y que con una sopita al día le basta.

Su enorme sonrisa la disfraza cada día con el uniforme de General. Comenzó a usarlo hace diez años en bailes populares para la tercera edad pero le quedó gustando. Ahora ya no baila, con su traje se ha convertido como dice él en un «emisor de paz». Es un personaje de esos habituales de las calles de La Candelaria en Bogotá, su particular traje atrae las miradas de quienes pasan a su lado. Así que para ganarse la vida y conseguir algo de dinero posa como todo un General en las fotos de los turistas. Este hombre pintoresco, contagia de alegría con su sonrisa. Su vida sencilla transcurre entre historias de guerra y paz que le permiten contar sus propias batallas. El Sur es El Norte-América del Sur

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